Rock Cebolla Weekend

Fue el año 2017, en que tuve la oportunidad de vivir el primer evento musical que consideraba un fin de semana de shows, de una misma banda.  Ese fue el “Marillion Weekend” que se desarrolló en el teatro Caupolicán.

La semana del 19 y 20 de Diciembre, y ya en una misión profesional de cobertura, se me invitó al segundo evento de este tipo, denominado «Rock Cebolla en Sala Master» con la presentación de Angelo Pierattini en dos sesionas, una con un set de Weichafe y otra con un set solista.  La invitación era imposible de dejar pasar.  Así que ahí estuve, y estuvimos como Radio.

He tenido la suerte de ver shows de Angelo en otras oportunidades, y siempre tienen un sello de excelencia.  Otra cosa que veo, es que son shows cuya música no puede ser encasillada en un género específico, siempre rompen esquemas y saltan de uno a otro, y así, la presentación se va considerando un viaje de puras sorpresas.

Y así, el viernes…

El show empezó en punto, a las 20:00 hrs.  La Sala Máster, es un lugar privilegiado.  Es como tener una banda tocando en el living de la casa de uno; un espacio general bien grande donde caben unas 100 personas al menos (no las conté), que tiene sillas y que, en medio de esto, posee el escenario al mismo nivel de las personas.  El artista está en frente de uno, al lado.  El sonido es espectacular, se nota un muy bien cuidado diseño acústico porque, sin importar donde se encuentre uno, se oye muy bien y en detalle la banda que está tocando.

La Sala Máster es un espacio de la Radio de la Universidad de Chile, y estas dos tocatas, tuvieron la gracia de ser transmitidas, al menos en su primera hora, en vivo y en directo para todos los auditores de la Radio.  Eso me parece sensacional, tener en la Radio, la presentación en vivo que se está desarrollando es democratizar una muestra artística que de verdad, se valora.  Sería genial acceder al registro de los show, y a ver si hacemos algo con la Radio, en conjunto, porque es una muy buena propuesta independiente la que ellos tienen.

El show.

Weichafe es una banda de culto, y la sala estaba llena de seguidores de ese culto.  Así como las mareas del Metal, las mareas del rock gótico y, excepcionalmente, las mareas de algunos otros tipos de músicas, muchos vestían poleras con la W, muchos entonaron cada canción, muchos de emocionaron, muchos vivieron la experiencia de reencontrarse con la música que los marcó.

En el escenario, ese que está en el medio de la sala y que podría asemejarse a un gran living room, los músicos lo dieron todo.  Además de Ángelo, estaban Ed Quiroz, en batería; Chino Vargas en el bajo.  La puesta en escena es simple, y no tiene mucha relevancia cuando la música es la que manda la atmósfera del show.  Los juegos de luces, fueron óptimos, marcaron los ritmos e hicieron ver muy bien la escena de cada momento.

Esa noche sonaron:

– Hazme dormir

– Respiro la Luz del Sol

– Me verás arder

– Pena de ti

– Pan de la tarde

– La fuerza viene de la tierra

– Silencio

– Las cosas simples

– Alcatraz

– 5:30

– No es malo

– Canción del solitario

– SW

– Incendiando infiernos

– 3 Puntas

– Bella herida

– Tierra oscura del sol

– Fe maldita

– El rock del Poncho

– Ripio y soledad

– Pichanga

En una remembranza, Ángelo señaló que, años atrás, en un show en la misma sala Máster, se les pidió terminar el show faltando tres canciones…  Estaban dejando “la cagá”.  Este viernes en tanto, no fue necesario terminar antes, de hecho como que faltaron algunos temas; estamos más viejos…  Pero no faltó la pasión, la comunión con el público que coreó cada letra, que bailó, gritó, se embroncó en la bandera de lucha, se emocionó, y seguramente, recordó detalles de esos tiempos mozos, en que estas canciones, se hicieron parte de sus vidas.

Y así, llegó el sábado de este “Rock Cebolla Weekend”…

Al igual que el día anterior, la hora de inicio era las 20:00 horas.  Por alguna razón, se lanzó la cortina musical de apoyo, y la banda no salió.  Los fueron a buscar.  Ángelo, salió presto con los demás músicos, ataviado de una bata de Boxeador, con las manos vendadas, y listo para dar la pelea.  Todos los músicos, tomaron posición y se dispusieron para empezar el show.

El escenario.

De un día a otro, la disposición de los músicos cambió.  Esta vez, eran más.  Así mismo, la puesta en escena era distinta.  Los focos cambiaron a luces, incluso había una lámpara colgante en medio de todo.

Varios espectadores, se repitieron el plato; claro que este show, era más íntimo, más romántico, más cebolla.  Es increíble cómo, ese concepto de cebollar, se hizo evidencia empírica con el tiempo…  Lo cebolla es popular, es llorado, es sufrido, es cantado desde el fondo del corazón.  Tiene un claro sentido de pertenencia con las vivencias de cada uno, pero el sello fundamental, es que debe ser Chileno.  No hay ninguna música cebolla que sea extranjera…  Esa música es a penas música romántica.

La música.

Los acordes de la guitarra, ejecutados de manera extraordinaria, seguidos de la rítmica del bajo, que además de su interpretación aportaba con los coros; el acordeón y su melodiosa música, que le dan un carácter especial al todo, que se mezcla en cada tema; los teclados, que entregan la atmósfera majestuosa y la batería, que pulcramente, marca ritmos y ejecuta los tempos de cada tema.  Eso de menos es más, se ve evidenciado en estos 6 músicos que dan a este show del sábado, un clima, un color, que se queda pegado a uno en cada canción.

En el escenario estuvieron Angelo Pierattini, a quien vi de frente, pues me senté frente al micrófono principal; Felipe Silva Grez, en la batería; Felipe Salas atrás, en los teclados, bailando y marcando ritmos; Diego Peralta en el bajo; Pablo Jara, en la guitarra, y la única mujer, Dominga Corral, en el acordeón.  Ya destaqué a cada uno, porque se merecen este tipo de reconocimientos.

Sonaron:

– No voy a cambiar

– Fuiste un gran amigo

– Vida quiero tus muertes (Así fue)

– La fiesta

– Ella y yo

– Y volveré

– Otra como tú

– Las cosas simples

– Lo que no pudo ser

– Si no te hubieras ido

– Pasarita

– Ay Morena

– Chica de humo

– Lo que se ve no se pregunta

– Que simple vibra nuestro amor

– Amor por mi condena

– Carita de gato

– Soy un aprendiz

– Menta miel y sangra

En suma, estuvimos invitados a tremendos shows, dos tremendas presentaciones; bien cuidadas, producidas y muy bien llevadas a cabo.  Una interpretación excelente, con una calidad que se nota, tanto en el producto, que es la música, como en los adicionales que pueden ser la interpretación, las canciones, el desempeño.  Un lujo, de verdad.  Uno que se agradece, poder ver…