El jazz; debe ser el género musical más controvertido en la historia de la música. Ya en sus inicios, presentaba rasgos de injusticia por parte de sus intérpretes. Los esclavos negros en estados unidos, aprovechaban sus escasos ratos libres para expresar a través de la música sus sentimientos; la pena, la frustración, la pesadumbre y, una mínima cuota de esperanza en que algo mejor pudiese llegar a sus vidas. Es decir, el dolor, la desesperanza y la incertidumbre se apoderaron y estaban íntimamente ligados al nacimiento de esta nueva forma de hacer música.
Por aquellos años, nadie imaginaba que este estilo musical llegaría a producir a los músicos más formidables del siglo XX, colocándolos a la par de los grandes de la música clásica como (Chopin – Mozart – Beethoven – Dvorak – Vivaldi – Bach – Schubert etc.) Podrán encontrarlo una exageración o un insulto a estas leyendas, pero el tema es que los intérpretes del ritmo sincopado también se convirtieron en leyendas.
Fenómenos como Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker, Dizzy Guillespie y Louis Armstrong, por citar algunos, se les ubica en el olimpo de este estilo de hacer música, generando una idolatría y veneración insospechada en todo mundo y, de manera transversal hasta el día de hoy. Estos hombres, se encargaron de situar al género en la cúspide de la escena discográfica, consolidando un arte que coquetea con la perfección, ya sea en términos creativos e interpretativos.
Sin embargo, a pesar de la magnificencia y nivel de perfección alcanzados, el jazz nunca ha sido un estilo popular en la sociedad; es más, se percibe y se presenta como un género distante, discriminador, clasista y elitista. Cabe preguntarse, ¿Quiénes son los responsables de esta sensación de apatía por el jazz? La respuesta es clara, sus propios intérpretes; los cuales, con su impronta distante, arrogante, antipática e inaccesible han ayudado a que el público en masa no pueda disfrutarlo.
La excepción, la constituye Dizzy Guillespie, quien, con su carisma, humor, naturalidad y espontaneidad, siempre manifestó la inquietud que el jazz fuera escuchado por la mayor cantidad de gente. Curiosamente, es el músico menos valorado de todos los gigantes del jazz; entendiendo que es uno de los creadores de la mayor revolución de este estilo, el BeBop. Esto, también tiene que ver, con la ponderación que le da el público fanático del jazz, que es hostil, injusto, poco objetivo y descalificador; contribuyendo a que el resto de la sociedad desista de escuchar esta maravillosa música.
En base a esta mirada crítica, el jazz debe seguir trabajando en derribar sus fantasmas, asociados a la distancia; a la soberbia; a la vanidad y a la petulancia. El objetivo, es que sea más terrenal, no tan inalcanzable y más didáctico para que la masa pueda descubrir a los mejores músicos que jamás haya escuchado en su vida. El virtuosismo, ejecución y nivel de perfección en la interpretación no la van a escuchar en ningún otro estilo de música, por lo tanto, la calidad del producto está garantizada.
La invitación está hecha; escuchen jazz y sabrán lo que es bueno!
Por Claudio Hernández
