«Iron Maiden» Un tornado… de metal pesado.

«Hola cabros ¿a alguno le interesa una entrada para la que probablemente sea la última presentación de Iron Maiden en Chile?»

Este mensaje llegó al WhatsApp de mi club de tobi el miércoles temprano en la mañana.  Yo soy fan de Maiden desde chico (ahora tengo 57).  Tenía 14 cuando apareció  el «The number of the beast», y una ola heavy metal (Judas Priest, Dio, Accept, Ozzy, etc) cubrió una parte del Chile dictatorial.

Años después, yo vivía en Uruguay cuando no los dejaron entrar en Chile por satánicos (a principios de los 90), y cambiaron su fecha de Santiago por Montevideo (que no estaba considerado originalmente). Esa fue la primera vez que los vi.

Luego los vi dos veces más en Chile. Pero de eso hace mucho tiempo; 15 o 20 tal vez.

Y dado que no había comprado entrada, levanté mi mano virtual en el chat de amigos y dije «yo quiero».  Mayor fue la sorpresa al saber que la entrada era gratis porque alguien (fuera del grupo) no podría asistir. Así, al mediodía tenía en mi teléfono el pase para ir a ver a Dickinson, Harris y compañía.

Ahora que son (somos) unos viejitos afables,  pensé, y que tal vez sea la última vez acá, será como un reencuentro con amigos. Pero también una última liturgia metalera.

Entré al estadio («andes sin numeración») como a las 20. La fauna habitual. Pocos públicos deben ser tan educados y pacíficos como el de un concierto de Maiden.  Permiso, disculpa, gracias, eran las palabras que más se escuchaban entre la gente que, yo diría, en un 75% vestía una polera de la doncella. Veteranos como yo había varios. Pero sobre todo 40añeros con sus hijos jóvenes o adolescentes.

Y a las 21:02 se vino el huracán. Yo tenía algo de temor; no en vano andan en los 60 y largos y el desgaste que significa tocar ataques sonoros como «Can I Play with Madness» o «Caught somewhere in time» les podían pasar la cuenta.

Pero están finos, flacos, puntuales, afinados, contentos, con ganas. Bruce con todo su carisma y la misma calidad vocal de siempre (increíble por lo exigente que son los temas) y el resto ni hablar. Una masa densa que golpea directo al pecho. Debo decir que en un momento hasta se me cayó un lagrimón.

Y la liturgia. La gente!!! No sé si fue suerte, pero a mi alrededor tod@s se sabían todas las canciones. El delirio colectivo y la complicidad que solo se vive en un concierto (imagino que cuando toca Luis Miguel pasa lo mismo con sus fans).

No tengo el setlist pero se pasearon  por sus 40 y tantos años de carrera y aparte de las ya mencionadas tocaron «Wasted Years», «The Writing on the Wall» y «Iron maiden», por nombrar algunas.

Sonaban fuerte, bien, pesados.

Dickinson anunció que volverán para la gira de los 50 años de carrera de la banda (que entiendo sería el próximo año) y tras cartón se vino «Fear of the Dark» y «The Trooper» y la comunión con nosotros, sus fans incondicionales y agradecidos por ser parte importante de la banda de sonido nuestras vidas.

Larga vida a Iron Maiden.

Un tornado…. de metal pesado.

Por Miguel Reyes