Mi primer contacto con los libros fue en casa; mi madre compraba las colecciones que venían con la Revista Ercilla. Tolsoi, Chejov, Nervo, Bécquer fueron los primeros en cautivarme. “Podrá nublarse el sol eternamente; Podrá secarse en un instante el mar; Podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; Pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.” La llama del amor por los libros casi se extingue en dictadura.
La dictadura implementó una fuerte censura sobre la producción editorial, restringiendo la libertad de expresión y limitando el acceso a la información. Se llevaron a cabo quemas públicas de libros considerados peligrosos, como una forma de eliminar la «propaganda subversiva» y borrar la memoria histórica de ciertos autores(as) y obras. Además de las quemas, muchos libros fueron destruidos o escondidos por particulares para evitar represalias por parte de las autoridades.
La transición a la democracia permitió que las bibliotecas públicas dejaran de ser instrumentos de control ideológico y se abrieran a la participación ciudadana.
Sin embargo la historia de las Bibliotecas Públicas se remonta a la época colonial, en donde los libros eran exclusivos de quienes sabían leer y podían adquirirlos. Las bibliotecas estaban principalmente en manos de órdenes religiosas, como la Compañía de Jesús, que acumuló 20,000 volúmenes antes de su expulsión. En el siglo XVIII, surgieron las primeras bibliotecas parcialmente abiertas al público, aún gestionadas por congregaciones religiosas.
En 1813, un 19 de agosto fue fundada por la Junta de Gobierno, la Biblioteca Nacional de Chile y 60 años después fue fundada en Valparaíso la primera y única biblioteca pública chilena hasta 1920 (la segunda biblioteca pública más antigua de Chile fue establecida en 1963 y comenzó a operar el 19 de junio de 1965 en Ancud)
El acceso a los libros, a la cultura para todos y todas las chilenas en nuestro país, ha sido deficiente durante toda su historia republicana y la pandemia de COVID-19 también hizo los suyo, generando un gran impacto en el acercamiento a la lectura y a otros servicios bibliotecarios, especialmente para personas que dependen de estos espacios para su formación y acceso a la información.
No obstante, las Bibliotecas Públicas son un ave Fénix, renacen de las cenizas. Actualmente no son sólo centros de acceso y promotores de la lectura y aprendizaje, son espacios de encuentros comunitarios donde convergen jóvenes y adultos; son un eje para la interacción social y participación ciudadana fomentando la cohesión social y la construcción de comunidades; son apoyo a la innovación y la creatividad.
Las Bibliotecas Públicas son instituciones que mantienen viva la llama del amor por el conocimiento.
Por Guisneldy Araya
